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La carrera cristiana.

La carrera cristiana.

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En esta publicación abordaremos el tema de la carrera cristiana. Pablo dio su testimonio en 2 Timoteo 4:7, diciendo que había completado su carrera. Profundicemos un poco más en este tema. Hebreos 12:1 nos dice que cuando creemos en el Señor Jesús, tenemos una carrera por delante y debemos completarla. Esta carrera fue establecida por Dios,es espiritual, no visible para los ojos naturales, pero percibida solo por la fe (He 11:1, 27).

En esta carrera debemos ser conscientes de que hay muchos testigos a nuestro alrededor, como se nos dice en Hebreos 12. Dios, ángeles, Satanás, ángeles caídos, demonios, vecinos, amigos, compañeros, familiares, hermanos en Cristo y muchos otros mirándonos mientras vivimos nuestra vida cristiana. Algunos son testigos positivos, que desean nuestro avance, como Dios mismo y los hermanos. Quieren que corramos rápido, constantemente y sin demoras. También hay testigos negativos, como Satanás, principados y demonios, que desean debilitarnos, desanimarnos e incluso hacernos renunciar a correr. Para ellos, cuanto más tarde en terminar esta carrera, mejor, ya que tendrán más tiempo para trabajar en la tierra. Por lo tanto, nunca debemos pensar que esta carrera es solo asunto nuestro, ya que hay muchos que siguen nuestra carrera con gran expectativa, como una hinchada. Nunca estaremos solos, y nuestras acciones u omisiones siempre estarán acompañadas por esta gran nube de testigos. Podemos pensar que nadie sabrá si leemos la Biblia o con qué frecuencia oramos. Sin embargo, esta gran nube de testigos a nuestro alrededor está atenta a cada uno de nuestros pasos y todo nos acompaña, ya que el resultado de esta carrera los afectará directamente a ellos y al universo entero.

Este texto de Hebreos 12 todavía nos advierte que hay dos problemas en nuestra carrera: el peso y el pecado, de los cuales debemos despojarnos. Estos son obstáculos que nos enredan y nos impiden completar nuestra carrera. El pecado es un obstáculo para nosotros. Nos asedia tenazmente, es decir, siempre está tratando de abrazarnos para hacernos tropezar, caer y dejar de correr. Satanás nunca nos da tregua. No tiene vacaciones ni se toma feriados para liberarnos. Sin embargo, hay cristianos que toman días libres en su relación con Dios, alegando que están demasiado ocupados para leer la Biblia o para orar. Este es un gran peligro, porque el pecado los acosa tenazmente todo el tiempo. Debido a la iniquidad que se multiplica, muchos pierden la conciencia del pecado, han caído y ya no corren. Si no cuidamos de eso, nos puede pasar a nosotros. Necesitamos constantemente de la palabra de Dios, que es luz para nuestros caminos y nos trae la referencia de lo que Él aprobado o no (Salmo 119: 9, 11, 105). Si pecamos, no podemos permanecer dominados por el pecado; sino, inmediatamente, debemos recurrir al Señor, arrepentirnos y confesar nuestro error, pedirle perdón a Dios y aplicar la sangre de Cristo que nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7-9). Entonces debemos levantarnos y seguir corriendo.

El peso, a su vez, es algo que hace que nuestra velocidad en esta carrera disminuya. No nos impide correr como el pecado, pero corremos más lento. Y es la razón por la cual muchos se cansan espiritualmente. No tienen fuerzas para ir a la iglesia, pero para los placeres, están llenos de energía. No es cansancio físico sino espiritual. No han parado totalmente sus carreras, pero ya no están corriendo. Son las distracciones, los pasatiempos y muchas otras cosas aparentemente inofensivas que retrasan nuestra llegada a la línea final y el regreso del Señor. Cuanto más peso llevemos, más lentamente correremos. Todos debemos considerar cuán intensamente hemos vivido la vida cristiana, ya sea en la búsqueda personal de la Palabra y la oración, en la iglesia o en la evangelización. Si la velocidad se ha reducido, es una señal de que estamos acumulando y cargando peso.

En Lucas 21:34, el Señor Jesús nos advirtió que no nos preocupáramos tanto de esta vida que causa que nuestros corazones se carguen y nuestra velocidad espiritual disminuya. Todos debemos tomar en serio estos dos obstáculos, de lo contrario nuestra carrera será un fracaso.

Dios está haciendo un llamado para cambiar la forma en que corremos. Para despojarnos del peso y del pecado, necesitamos vivir la experiencia con la Palabra y la revelación de Cristo en nosotros diariamente. Busquemos la luz de Dios para despojarnos de todo peso y aumentar nuestra velocidad. ¡Cuanto más ligeros estemos, más rápido correremos hasta la línea de meta!

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