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La humanidad perfecta de Jesús.

La humanidad perfecta de Jesús.

Palabras que Edifican, Palavras que edificam

En este texto queremos dar especial atención a la vida humana de Jesús desde su nacimiento. Jesús, como hombre, pasó por todas las “intemperies humanas” y experimentó lo que es ser un hombre en la tierra. Dios se empeñó en hacer que Cristo Jesús experimentara la humanidad.

Dios desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al pleno conocimiento de la verdad. La verdad de Dios es Cristo (Jn 14: 6). Sabemos que hay un solo Dios. Pero hay también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, Hombre (1Ti 2: 5). Cristo Jesús, en Su humanidad, se entregó en rescate por todos. Este testimonio debe ser presentado en tiempo oportuno (1Ti 2: 6).

En Hebreos 5:7-8, vemos: «Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia». ¡Jesús estaba sujeto a todas las debilidades humanas! Él aprendió la obediencia por las cosas que sufrió. Cuando decimos que Él estaba sujeto a todo, de hecho significa: ¡Todo!

Desde cuestiones de moralidad, hasta llegar a ser susceptible a momentos de murmuración. De acuerdo con la Biblia: «Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados» (2: 17-18).

Cada momento de la vida humana de Jesús se vivía con temor, temblor y oración delante de Dios, pues si Él tropezaba en cualquier debilidad humana todo estaría perdido, es decir, la redención de Cristo y, por consiguiente, la resurrección de Cristo al tercer día. La humanidad de Jesús obtuvo la perfección porque Él vivía y andaba de acuerdo con la vida de Su Padre Celestial, la cual es perfecta (Mt 5:48). Él oraba y ayunaba por repetidas veces al Padre para que Lo mantuviera y Lo sostuviera en la vida cotidiana. Así, Jesús fue aprobado en Su humanidad, la cual contenía piedad, que es la manifestación de Dios en la carne.

Como resultado de Su vida humana ante el Padre, Jesús fue constituido heredero de todas las cosas, convirtiéndose en el resplandor de la gloria y la expresión exacta de Dios, obteniendo la parte del Señor la declaración: «¿A cuál de los ángeles dijo jamás: Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy? y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo? Y, otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios»(Hb 1:3-6). Este Hijo engendrado es el Hombre Jesús desde Su nacimiento. «Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;» (Hb 5:8-9).

Necesitamos aprender la obediencia ante Dios, pues está relacionada con el encabezamiento de Cristo. Repito: el principal requisito que debemos cumplir es la obediencia. Todos los hijos de Dios necesitan ser perfeccionados en este aspecto. El predicado de la obediencia también está en la humanidad notable de Cristo Jesús.

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