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La lección de entregarse.

La lección de entregarse.

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“¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia.”

Romanos 6:16 NVI

Nos han enseñado a retener, no a entregar; a obtener, a ganar, a recibir. Nuestra voluntad es siempre prevalecer. Pero, de hecho, o nos rendimos al pecado, a la muerte, o nos rendimos a la obediencia, a lo que conduce a la justicia de por vida. Y no hay neutralidad, no hay forma de pararse en el muro, porque el muro es territorio de la muerte.

Cuando nos rendimos a nuestra voluntad, para hacer lo que queremos, tener o ser algo que anhelamos, es similar a la actitud de Adán cuando se separó de Dios y experimentó la muerte, la muerte espiritual y luego la física. Por el contrario, cuando nos rendimos a la obediencia por la fe en Jesucristo, experimentamos la justicia de Dios a través del cuerpo crucificado de Cristo y su sangre derramada, y esto nos trae a la vida.

En este camino de fe en Jesucristo crucificado, también experimentamos la cruz, que es negarse a uno mismo y seguir el camino de la cruz.

El camino de la cruz es de total entrega. Jesús se entregó, se rindió, sometido a la obediencia. Así es con nosotros también, nos entregamos, nos rendimos, nos sometemos al Señor, y esto nos lleva a la vida.

Juan el Bautista testificó de esto, declarando: «És necesario que Él crezca y yo mengue».

En el camino de la cruz, nos rendimos, nos entregamos y nos sometemos al Señor en obediencia, menguamos y la vida de Cristo crece en nosotros.

Entregarse, rendirse, someterse al Señor reinante, es perder para ganar. Perder, por fe en Cristo Jesús, nuestra voluntad egoísta, nuestra inclinación natural al pecado, rendirnos en sumisión, vaciarnos, despojarse de todo el ser natural. Esto es menguar y, por lo tanto, gana la verdadera justicia por la fe, que es su vida en nosotros.

Él es el Rey de reyes, Él es el Señor de los señores, quien vino aquí para reinar anunciando el Reino de Dios, vino sin una corona humana, vino a reinar sin ejército y sin armas, iba a pie o cabalgó en un pollino de asno, sin embargo fue rechazado y asesinado en la cru.z Pero resucitó, venciendo la muerte, y pronto volverá. Regresará en gloria para reinar por 1000 años. La tierra conocerá el reino de la paz y la justicia, nunca antes experimentado.

Ahora, por fe, rindiéndonos al Señor Jesús, entregándonos, humillándonos, sometiéndonos a Su reinado, estamos perdiendo para ganar, y continuamos en este camino de la cruz, sufriendo con Él, para que también podamos ser exaltados con Él em Su venida.

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