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La Barca de nuestra vida.

La Barca de nuestra vida.

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En los evangelios se nos presentan muchos pasages de la vida de Jesús en esta tierra que nos ayudan a extraer princípios importantes y fundamentales para nuestro vivir cristiano. En este texto vamos a hablar de una situación y, en la luz de la palabra, extraer lecciones preciosas. Vamos a leer el texto que está en Marcos 6:45-52.

En esta ocasión, luego de haber alimentado a una multitud, Jesús pidió a Sus discípulos que crucen el mar mientras Él se quedaria en tierra para orar, pero en esta oportunidad, lo haría solo  (Marcos 6:45). “Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar” (v.46). Jesús estaba en tierra, orando, y los discípulos, en el mar, con dificultades para remar, “porque el viento les era contrario” (v. 48). Preste atención, por la lectura de todo el versículo 48, que Jesús, aunque estaba en tierra orando, al percibir la dificultad de los discípulos de avanzar con la barca, tomó una actitud, a lo menos inusitada: “… vino a ellos andando sobre el mar”. La oración de Jesús ciertamente era la más poderosa de todas, pero Él se empeñó en ir hasta los discípulos. El juego de palabras que acostumbramos hacer para esto es “oracción”, o sea, orar + acción. Jesús oró y actuó.

Nuestra vida es una gran travesía. Hay personas que ya tienen a Jesús en la barca de su vida, pero hay muchas que no. Y no importa cuál sea su caso, Él quiere acercarse a usted y socorrerlo en sus dificultades. En el mar agitado del día a día, a veces se vuelve difícil avanzar porque los vientos son contrarios. No obstante, querido lector, sepa que ahí, bien cerquita de usted, por encima de las más diversas dificultades de la vida, Jesús está listo y cercano para ayudarlo.

Los discípulos fueron pescadores por muchos años, pero nunca vieron aquella escena. En medio de la noche, en altamar, una persona andaba sobre las aguas. Sin entender nada, “pensaron que era um fantasma, y gritaron; porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (vs. 49-50). “Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento” (v. 51). Estimado lector, tenga ánimo, no tema, pues Jesús es el único capaz de atravesar y vencer el mar agitado de su vida. Sólo necesita dejarlo entrar en su barca. Cuando eso ocurra, la paz del Señor llenará su corazón y, aunque esté en médio de un mar agitado, en plenas tinieblas, sin esperanza, Jesús estará con usted y lo conducirá al otro lado, sano y salvo.

Lo invitamos a hacer una oración sencilla y a tomar una actitud: “Señor Jesús. Te invito a que vengas a mi vida y seas el Señor de ella. Dame la paz y el coraje para pasar juntos por los vientos en contra y las tormentas que nos depara la vida, porque Tú eres el único que tiene el poder de cambiar cualquier situación que pueda estar ocurriendo. Entra en mí, hazme Tu casa y soy tuyo. ¡Amén!».

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