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¿Quién es nuestro mayor enemigo?

¿Quién es nuestro mayor enemigo?

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Una vez en una reunión de la iglesia, un hermano estaba hablando sobre la porción de Efesios 6, que trata sobre la armadura de Dios. Para que los presentes en esta reunión comprendan mejor, se vistió con una armadura y dijo a todos los presentes: «Tengo la armadura de Dios, ¿dónde está el enemigo?” A esto, un hombre que tenía mucha experiencia de vida con Dios, estaba sentado con los demás, respondió: “¡El enemigo está dentro de la armadura!» Estaba allí listo para luchar contra el enemigo, pero el enemigo más grande era el que estaba en la armadura. Somos nuestro mayor enemigo. Quién realmente puede frustrar el llegar al final de nuestra carrera, los objetivos y desafíos que tenemos, somos nosotros mismos. Este es el daño hecho por el viejo hombre, nuestro ego, la vida del alma, la naturaleza caída que recibimos de Adán.

Debido a que nos amamos tanto, no estamos dispuestos a golpear nuestros propios cuerpos, es decir, a negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz de Cristo para seguirlo, y terminamos luchando. Luchamos contra nuestro matrimonio, familia, amigos, vecinos; luchamos contra todos. Así es como surgen los equívocos, los malentendidos y las diferencias entre las personas. Debe estar muy claro: nosotros somos nuestro mayor enemigo.

Nuestro viejo hombre nos engaña a diario, evitando que conozcamos más a Cristo. Al leer la Biblia y orar en comunión con Él, podemos conocerlo de una manera viva y real. Pero, ¿cuántos son los que hoy practican estos elementos básicos de la vida cristiana que son esenciales para conocerlo? Considere si el Cristo que conocemos hoy es el mismo que hace un mes. Si es lo mismo, indica que no estamos viviendo adecuadamente. Se debe pasar tiempo en comunión con el Señor para esto. Muchos afirman que no tienen tiempo para leer la Palabra de Dios y orar, pero están activos en las redes sociales, dispuestos a ver de cinco a seis horas de una serie y salir a divertirse. Ante el Señor en aquel día, estos mismos actos serán evidencia en su contra de que perdieron el tiempo. Perdemos el tiempo debido a este enemigo, que somos nosotros mismos, contra el que tenemos que luchar.

Otro problema que muchos enfrentan debido a la vieja naturaleza, es la falta de voluntad. A menudo posponemos nuestro tiempo de comunión con el Señor, simplemente porque somos demasiado vagos para hacerlo en ese momento. En 1 Corintios 9:17, el apóstol Pablo da otro testimonio de su experiencia donde nos muestra que él también tuvo que enfrentar este gran problema. Pablo declaró claramente que hizo cosas que no estaba dispuesto a hacer, simplemente por causa de su responsabilidad. Su cuerpo no quería hacer, su alma tampoco cooperó ante la necesidad del Señor, sin embargo, él dominó y golpeó su cuerpo debido a la responsabilidad que Dios le había confiado. Esta porción es de gran ayuda para todos nosotros. Cuando surgen sentimientos de falta de voluntad para ir a la iglesia, leer la Biblia, orar, predicar el evangelio, etc., debemos ordenarnos a nosotros mismos que cumplamos con la responsabilidad que Dios nos ha dado. En esos momentos debemos recordar que no somos dueños de nosotros mismos, sino que Jesús es el Señor de nuestras vidas. No es nuestro cuerpo o mente lo que determina las acciones, sino el Señor Jesús, quien está en nuestro espíritu. Estamos en esta tierra para hacer la voluntad de Dios, no la nuestra. Nuestro viejo hombre y nuestra carne no desean morir, sin embargo, la razón de nuestra carrera cristiana es el llamado de Dios, el cumplimiento de su plan para nosotros.

Entonces, querido lector, mientras corremos nuestra carrera, luchamos contra el mayor enemigo, el que está dentro de nosotros. Sabemos que el gran enemigo que puede eliminarnos de la carrera, o descalificarnos, somos nosotros mismos. Entonces, en todo nos dominamos, golpeamos nuestro cuerpo y lo reducimos a esclavitud, porque nuestro objetivo es ganar la corona de la justicia, que es incorruptible.

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