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¡Vale la pena pagar este precio! (Parte 2)

¡Vale la pena pagar este precio! (Parte 2)

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“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró”. (Mateo 13: 44-46)

Estimado lector, esta semana continuaremos tocando un poco más sobre este tema, ya que creemos que todavía hay muchas riquezas para extraer de este pasaje. Recordando que la última publicación nos fue mostrado que para encontrar algo, el primer paso es buscar. Cuando se trata de algo valioso, como un tesoro, esta búsqueda requerirá más tiempo, dedicación y atención por parte del buscador, por lo que tenemos que estar atentos para encontrarlo.

El texto nos habla de alguien que encontró un tesoro escondido, es decir, que alguien ya había dejado este tesoro allí, por lo que este hombre solo tuvo el trabajo de buscar, buscar algo precioso, salir de su zona de confort. Pero el que escondió el tesoro fue quien trabajó más, buscando, procurando, trasportando, cargando, abriendo la tierra y enterrando el tesoro allí. Todo lo que encontramos, no lleva solo nuestro trabajo, sino también el de alguien más.

El reino de los cielos vino a través de Jesucristo. Dios que se vació a sí mismo, dejando su gloria, se hizo hombre; como un hombre se convirtió en siervo, como un esclavo fue obediente hasta la muerte, y la muerte en la cruz. Tan pronto como resucitó, nuestro Señor colocó todas las riquezas de Dios en el Espíritu, y cuando creemos en Su Nombre, en Su Obra completa, es en este momento que encontramos «el tesoro». Es un gran privilegio, ya que tiene el mayor valor. Y, por lo tanto, debemos darle la mayor importancia.

Para tener derecho a disfrutar de este tesoro, hay un precio, que es vender todo. El tesoro está en un campo, y quien lo posea tiene derecho sobre el tesoro. Mucho se dice sobre el tesoro, que es lo más importante. Pero sin adquirir el campo sería impropio tomar el tesoro, como obtener enriquecimiento ilícito. Entonces, el precio del campo es vender todo por él. Su precio es deshacerse de lo que es malo así como de lo que es bueno a nuestros propios ojos, por la alegría de poseer tal tesoro.

Después de todo, ¿cuál sería este campo para comprar con el precio de todo lo que tenemos? El campo somos nosotros mismos. ¿Dónde está el tesoro? El Reino de Dios, que es el tesoro, se ha escondido dentro de nosotros, porque es la presencia misma del Señor en nosotros. Para disfrutar de todo, tenemos que vender todo lo que tenemos, que no es nada frente a tal tesoro. En el Reino ganamos si perdemos, vivimos si morimos, reinaremos si servimos, conquistamos si hemos sido conquistados por el Señor, somos sabios si estamos locos para el mundo, nos hacemos ricos volviéndonos pobres, heredamos la tierra si somos mansos de corazón, seremos exaltados si nos humillamos, seremos los primeros si somos los últimos, seremos colocados al lado del Señor en la cena si nos sentamos en los últimos lugares, y disfrutaremos de la boda sin ser invitados. Para comprar este campo tenemos que renunciar a ser dueños de nosotros mismos, nuestros cuerpos, nuestra voluntad, nuestras ideas, nuestras posiciones, nuestros valores. ¡Si queremos disfrutar de ese tesoro, el Señor Jesús debe ser el Rey de nuestras vidas!

“Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros”. (Lucas 17:20-21)

 

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